Dicen que “los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla”. Esta frase la matizó el diputado español en el Parlamento europeo Miguel Ángel Martínez, en cuyo diario de sesiones de de diciembre de 2005, postula que “los pueblos que desconocen los disparates que cometieron en el pasado corren un serio peligro de repetirlos en el futuro”. Hoy me toca matizar, y decir que los dirigentes de nuestra profesión farmacéutica parece que desconocen los disparates cometidos en el pasado, por lo que corren un serio peligro. A pesar de que más de uno ya ha sido cometido por ellos mismos. Reincidencia le dicen.
Entre las diversas alegaciones que presentan a la nueva Ley de Farmacia de Andalucía, han tenido la genial idea de inventarse un artículo nuevo, en el que, cito textualmente se enuncia lo siguiente: “El seguimiento farmacéutico sólo se podrá realizar en oficinas de farmacia y servicios farmacéuticos autorizados”, ― y las razones que alega son “por evidentes razones de garantía del establecimiento donde se presta un servicio sanitario de interés público, que debe estar dotado de la correspondiente autorización administrativa previa que garantice la prestación y atención farmacéutica”. Ocho meses después de haber solicitado autorización ante mi Colegio provincial para ejercer mi profesión en una consulta privada, y después de que el Ministerio de Sanidad y Consumo, por obra de su Directora General de Farmacia y Productos Sanitarios, manifieste que mi actividad queda recogida ya en el año 2003, hace casi tres años, en la Ley de Ordenación de Profesiones Sanitarias, una última tentativa de impedir el desarrollo de actividades asistenciales por farmacéuticos trata de abrirse camino.
Esto me recuerda muchas cosas, algunas realmente patéticas si no fuera porque al final, ese patetismo acaba pagándolo el farmacéutico de base, tanto el propietario de una oficina de farmacia al que dicen defender, como a cualquier otro. Para empezar, escribir “seguimiento farmacéutico” en vez de farmacoterapéutico, dice mucho de la actualización de sus conocimientos en materia que tanto llena la boca a tanta gente. Me viene a la memoria un dirigente profesional andaluz, en ejercicio eterno por cierto, al que en un Congreso no muy lejano, le traicionó el subconsciente al decir Pharmaceutical Car en vez de Care, probablemente por su interés en “subirse al carro” de la Atención Farmacéutica, para no quedar obsoleto, que es lo peor que le puede pasar a uno de nuestros salvadores de la patria, tener que volverse a la botica. Recuerdo también, hace ya muchos años cuando uno de los asesores legales (¿?), hablaba en otro Congreso, con motivo de la promulgación de la Ley de Ordenación Farmacéutica de Cataluña, de la inconstitucionalidad de hacer una legislación autonómica en esta materia.
Buenos reflejos los suyos y buena preparación. Y lo que ya no recuerdo por mi edad, pero me cuentan, es el papelón que hace más de treinta años, nuestros dirigentes, algunos de los cuales aún permanece con cargo, como no podía ser menos, cumplieron en la aparición de la Farmacia Hospitalaria, cuando ― al parecer siempre fue un malentendido ― intentaron impedir su desarrollo intentando crear farmacias desde el Consejo de Colegios, en un escenario de entonces en el que sólo algunas farmacias se beneficiaban de dispensar medicamentos a los hospitales. No sé si esta estrategia podría poderse intentar de nuevo treinta años después para el siempre candente tema de las Residencias Geriátricas de este país.
Como algún dirigente queda de aquella época, quizás se le pudiera ocurrir intentar algo parecido.
La miopía, la falta de visión de estos dirigentes que dicen defender a la profesión farmacéutica, es digna de estudio antropológico. Su persistencia en defender lo indefendible, en negar la realidad, y utilizar la estrategia del perro del hortelano, constituyen sin duda una muesca más en un currículo largo y brillante en desaciertos. Menos mal que la profesión se hace y crece al margen de ellos. Aunque las piedras en el camino hacen dar más de un tropezón, nada tienen que hacer.
La realidad es mucho más fuerte que todos ellos. Y termino con una frase de Galileo Galilei, que fue quien postuló la teoría, eppur si muove, de que la Tierra se movía alrededor del sol y no al revés, que bien ilustra el papel de algunos en esta historia que, una y otra vez, no nos cansamos de repetir: “Me parece que aquellos que sólo se basan en argumentos de autoridad para mantener sus afirmaciones, sin buscar razones que las apoyen, actúan en forma absurda. Desearía poder cuestionar libremente y responder libremente sin adulaciones. Así se comporta aquel que persigue la verdad”. (Galileo). Y sin embargo, se mueve.
La miopía, la falta de visión de estos dirigentes que dicen defender a la profesión farmacéutica, es digna de estudio antropológico. Su persistencia en defender lo indefendible, en negar la realidad, y utilizar la estrategia del perro del hortelano, constituyen sin duda una muesca más en un currículo largo y brillante en desaciertos. Menos mal que la profesión se hace y crece al margen de ellos. Aunque las piedras en el camino hacen dar más de un tropezón, nada tienen que hacer.
La realidad es mucho más fuerte que todos ellos. Y termino con una frase de Galileo Galilei, que fue quien postuló la teoría, eppur si muove, de que la Tierra se movía alrededor del sol y no al revés, que bien ilustra el papel de algunos en esta historia que, una y otra vez, no nos cansamos de repetir: “Me parece que aquellos que sólo se basan en argumentos de autoridad para mantener sus afirmaciones, sin buscar razones que las apoyen, actúan en forma absurda. Desearía poder cuestionar libremente y responder libremente sin adulaciones. Así se comporta aquel que persigue la verdad”. (Galileo). Y sin embargo, se mueve.
Manuel Machuca González











