«Quien no inventa, no vive». Esta fue la frase que los periodistas destacaron más del discurso de la escritora Ana María Matute al recibir el premio Cervantes, en el pasado mes de abril. Como se citó también con la frase, la escritora parafraseaba a San Juan de la Cruz, en su sentencia de que «quien no ama, está muerto». Sin tener intención de compararme con la escritora, lo que dijo de nuevo me dio que pensar en relación a la atención farmacéutica, aunque quizás esta vez en un tono más personal, que voy a hacer a modo de confesión. Lo que, a una persona creyente y pecadora como yo, le supone reconciliación, en este caso conmigo mismo.
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Machuca M.
Quien no inventa, no vive.
El Farmaceutico 2011; 455: 72
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