Es de destacar la gran decepción que para las clases medias ha supuesto el Gobierno de Lula en estos cuatro años. Los profesionales liberales, las clases medias, aunque escasas en el país de mayores desigualdades del planeta, apoyaron la entrada de Lula como un soplo de aire fresco, hastiados de tanto tecnócrata desideologizado como gobernó el país en los últimos años. Sin embargo, cuatro años después, le han dado la espalda a un presidente que, no hay que olvidarlo, representó un halo de esperanza para todo el continente, y que tanta influencia ha tenido en el giro a la izquierda que se ha dado en Iberoamérica de un tiempo a esta parte. Porque poco después de Lula vinieron otros gobiernos de índole progresista, como los de Uruguay o Bolivia, que se unieron a los de Chile o Argentina, aunque quizás éste de un tono más populista que realmente de izquierdas.
Estimo que no ha sido la corrupción lo que más ha pesado a la hora de este jarro de agua fría que ha sufrido Lula el pasado domingo. Aunque siempre se ha dicho que la memoria del electorado es frágil, no hay que olvidar que todo un ex presidente como Fernando Collor de Melo, que tuvo que abandonar el poder acusado de corrupción en 1992, ha ganado escaño en el Senado de la mano de un modesto y minoritario partido político. La corrupción ha existido siempre, por desgracia, en este inmenso país. Y era esperable que en un país acostumbrado a estas artes, las tentaciones pudieran hacer mella a gente del Partido de los Trabajadores, ya que es una de las clásicas formas de combatir el cambio, por parte de los poderosos en los países en vías de desarrollo. Creo que más importante ha sido comprobar que poco ha cambiado en Brasil cuatro años después, a pesar del crecimiento económico que ha habido, pero del que poco se han beneficiado los más necesitados.
Lula llegó al poder tras sufrir varias derrotas en comicios anteriores, y únicamente pudo ganar después de dejar atrás la imagen de sindicalista radical que atemorizaba al poder económico del país y del exterior. Lula tuvo que mudar de piel para llegar al poder, y ya no se cambió más a lo largo de su mandato. Es cierto que las denuncias por corrupción comenzaron demasiado pronto, y que muchos ojos se pusieron en el gigante suramericano. Quizás todo esto ha pesado demasiado y, probablemente se confió en la buena imagen exterior de la que ha disfrutado, y no supo reaccionar a tiempo.
Pero quienes votan, al menos en Brasil, son los brasileños, y éstos le han dado al menos, una pequeña reprimenda, al castigarle a una segunda vuelta electoral. Lo que pasará es una incógnita, aunque se antoja difícil que Geraldo Alckmin, un político de escaso carisma, pueda en tan sólo un mes restarle los siete puntos de ventaja que Lula le saca. Y más si cabe, cuando Lula ya ha anunciado que va a saltar al ruedo electoral y aceptará finalmente participar en los debates cara a cara con el aspirante, que antes rehusó. También habrá que ver la postura de los votantes de Heloísa Helena, la candidata que representó a los escindidos por la corrupción del Partido de los Trabajadores de Lula, que contó con el apoyo del 6,85% de los electores, y que si decide apoyar el cambio, podría representar un serio dolor de cabeza para el presidente actual.
Pero Lula hará mal en confiarse de nuevo, porque hay indicios de que la segunda vuelta no va a ser un paseo militar, como algunos de sus compañeros creen. Baste destacar que algún gobernador, como Lucio Alcántara, del Estado de Ceará, que utilizó la imagen de Lula en su campaña electoral, le ha quitado ya su apoyo, en beneficio de Alckmin.
Cómo saldrá Brasil de las urnas es toda una incógnita. Pero, gane o pierda Lula, queda el regusto amargo de pensar la enorme dificultad que representa arrancar un país de la pobreza y la desigualdad. Y eso, sea cual sea la ideología con la que nos sintamos identificados, nos hace tener un cierto sentimiento de desencanto, de decepción, y de oportunidad perdida. Y es que en los tiempos que corren, el poder político cada vez puede menos y el poder económico, por el contrario, maneja los hilos con mayor sutileza y resolución.
Fuente: Diario de Sevilla (7 de octubre de 2006) y diarios del grupo Joly











