Cita el escritor Fernando Iwasaki en su libro “Ajuar Funerario” (Páginas de Espuma, 2004) que las funerarias de su país han rescatado la ancestral costumbre inca de enterrar a los muertos con sus pertenencias, si bien se han introducido pequeños matices, como corresponde a la evolución de los tiempos: las joyas no son propiedad del difunto, sino que están a modo de outsourcing, y una vez consumida la capilla ardiente, retornan a la funeraria para adornar los ropajes del siguiente interfecto.
Fuente: Cuadernos para el diálogo.![]()
Número 11. Junio de 2006











