A principios del siglo XXI, el arsenal de medicamentos para tratar y prevenir la enfermedad es mayor que nunca, los profesionales de la salud gozan de un nivel de formación no conseguido hasta ahora y el sistema sanitario llega a la práctica totalidad de los pacientes, sin costes adicionales para ellos y con unos medios modernos e innovadores, sustentados además en una actividad investigadora cada vez más creciente. Sin embargo, existen enfermedades que provocan elevadas cifras de morbimortalidad, para las que existen medicamentos capaces de evitar tan importante daño sobre la salud de los pacientes, enfermedades que producen ingresos hospitalarios, bajas laborales, costes adicionales al sistema sanitario y mortalidad evitable. Y ello está producido porque existen pacientes que no están diagnosticados y no conocen su enfermedad, no responden de la forma esperada a los tratamientos prescritos, o incluso en determinadas ocasiones sufren los efectos no deseables que los medicamentos pueden producir. Resulta paradójico que ambas situaciones se den a un tiempo. La respuesta a esta controversia radica en la actitud del paciente hacia la enfermedad. La mayoría de estas enfermedades carecen de una sintomatología característica que permita al paciente identificarlas. También muchas suponen su entrada en otra fase de la vida, que se va a basar en una convivencia permanente con ella hasta el fin de sus días. Ello supone que el concepto de enfermedad en el siglo XXI va más allá del mero diagnóstico científico o médico clásico, sino que se hace necesaria la identificación de lo que supone la relación única y personal de cada paciente con su enfermedad si se pretende conseguir el éxito de la terapia. Por todo esto, en el siglo XXI los pacientes necesitan un abordaje multidisciplinar que no englobe únicamente el diagnóstico y tratamiento farmacológico de la enfermedad, sino que entienda la relación bidireccional entre el paciente y ésta, que siempre puede ser diferente para cada uno de los que la padecen, haciendo real para cualquier tipo de abordaje terapéutico la frase de Hahneman, creador de la homeopatía, de que "no hay enfermedades sino enfermos".
NUESTRA RESPUESTALos profesionales que estamos aquí apostamos por la importancia del aspecto social en el abordaje y prevención de la enfermedad, por una relación de cooperación entre el profesional y el paciente en un plano de igualdad, basado en el intercambio de experiencias: la clínica del profesional y la de las preocupaciones sobre la salud del paciente. Tenemos como objetivo abordar la enfermedad a partir de la experiencia del paciente con la misma, a partir de sus preocupaciones y su influencia en la vida diaria, acompañando a éste a lo largo del curso de la misma, procurando conseguir de la mano, su mayor nivel de salud y calidad de vida. Y ello para pacientes que viven en sus casas, en residencias institucionalizadas o que permanecen ingresadas en un hospital. Asimismo, el compromiso con la idea de este novedoso abordaje del paciente como persona antes que como enfermo, nos lleva a promover la docencia y la investigación en este campo. Por tanto, también haremos especial hincapié en la formación de profesionales interesados en este nuevo abordaje profesional, mediante cursos de formación que aúnen de forma indivisible los aspectos filosóficos, éticos y clínicos a la experiencia asistencial realizada por el centro. Y finalmente, apostar por la investigación multidisciplinar en Farmacoterapia Social, como obligación ética de todo profesional que aspire a aportar la mejor calidad asistencial que pueda darse, para así contribuir en la parte que le corresponde a la creación de una sociedad cada día más justa.









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